Hank Williams

5 02 2008

Hank Williams fué la primera superestrella de los EEUU, entre 1949 a 1953 colocó 32 singles consecutivos en el Top Ten, 11 fueron número 1.

Hank Williams fue una de las primeras figuras del firmamento pre-rockero. No del modelo patentado tras la aparición del monstruo Elvis, sino del universo poético y durísimo en el que vivieron por ejemplo Jim Morrison (The Doors), Ian Curtis (Joy Division) o Kurt Cobain (Nirvana), es decir, idolos del rock por su personalidad heterodoxa, combativa y contestataria, cuya música ha trascendido más allá del siglo XX. Acaso por ello se puede afirmar que Hank Williams es uno de los grandes padres de la musica contemporánea: Su legado trasciende géneros y fronteras, edades y modas culturales.

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Crooners como Tony Bennett, grupos como The Red Hot Chilli Peppers, Social Distortion o The Saints, The The, The Residents o reyes del rythm and blues como James Brown, reconocieron su admiración por la obra del infortunado joven, al que una deformación en su columna vertebral provocó tantos dolores que sólo podía calmar con analgésicos y alcohol, que su muerte a bordo de aquel Cadillac, aquel fatídico 1 de enero de 1953, no fue sorpresa para nadie. En sus venas, además de canciones inolvidables, los médicos que le practicaron la autopsia encontraron bastante whisky y una buena dosis de morfina. Hank Williams había cumplido en plena juventud lo que dijo de su último single grabado en vida: “I’ll never get out of this world alive” (Nunca saldré de este mundo vivo). Ni él, ni nadie, claro.

Coño, ahora uno se emociona escuchando a Neil Young cantando aquello que escribió en uno de sus mejores temas (“From Hank to Hendrix”):

“From Hank to Hendrix
I walked these streets with you
Here I am with this old guitar
Doin what I do.”

(Desde Hank a Hendrix, caminé por estas calles contigo, Aquí estoy con esta guitarra vieja, haciendo lo que hago)

O cuando Leonard Cohen recordó al creador de pastelillos como “Your cheatin’ Herat”, y compuso aquella memorable “Tower of song”:

“I said to Hank Williams: how lonely does it get?
Hank Williams hasn’t answered yet
But I hear him coughing all night long
A hundred floors above me
In the tower of song”

(Le dije a Hank Williams: ¿cómo es que estás tan solo? No me respondió inmediatamente, pero le escuché toser durante toda la noche. Cientos de flores, sobre mí, en la torre de canciones)

Hiram, como miles de poetas sin Parnaso, le cantaba al amor no correspondido (“Cold cold Herat”), a las pequeñas satisfacciones de la vida rural (“Jambalaya”), a la soledad que le martilleó a pesar de su éxito espectacular (“I’m so lonesome, I could cry”), o a esa luz divina que todos quieren divisar en los malos momentos y que nunca llega (“I saw the light”).

Y no puedo por menos que terminar este recordatorio sobre Williams, además de reseñando el contenido del triple CD, reproduciendo (espero que me perdone) un texto, emotivo como los que sólo pergeñan los buenos fans, que escribió mi admirado colega Manolo Fernández, a quien supongo a lomos de un caballo salvaje, galopando por el desierto de Nevada, rodeado de todos sus ídolos de esa música campera que tanto adora.

“Era un prolífico compositor de canciones, uno de los más finos artistas sobre un escenario y la imagen romántica de aquellos duros tiempos. Sin él es muy posible que la música country nunca hubiera trascendido de la forma en que lo ha hecho. Hank Williams puso al country and western en el mapa y cualquier músico contemporáneo que se precie debe remitirse a su persona para poder explicarse”

Carlos Tena.


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