RICHARD HELL

6 03 2008

 DESMONTANDO A RICHARD

Hablar de Richard Hell supone hablar de la historia del punk, del rock y de la música en general. Hablar con Richard Hell es, en cambio, toda una sorpresa: sus maneras de escritor reposado, amable e increíblemente cercano desmonta todo mito de enfant terrible, estrella roquera o artista endiosado que se tercie. Ante todo, el hombre tras Television y The Voivoids, es ahora un neoyorquino amante de su ciudad, de los libros, de las palabras y de la vida. Un hombre que, haciendo honor a aquella máxima del punk, se ha hecho él solito a sí mismo. El viernes 3 de marzo estará de nuevo sobre las tablas, en el Teatro Lope de Vega, dentro del Festival Palabra y Música, recitando poemas y escritos varios. Y seduciendo con su voz. No le hace falta más.

Cuando empezaste en la música con los Neon Boys, ¿soñabas ya con ser escritor?

No, no soñaba con ser un escritor cuando estaba montando bandas y tocando. Ya era un escritor cuando era un quinceañero, incluso antes de tocar en ningún grupo. Ya había escrito y publicado poemas cuatro o cinco años antes de comenzar con la música. De hecho una de las razones por las que decidí formar un grupo fue debido a la frustración que me provocaba el poco interés de la gente en la poesía. Me di cuenta que tener una banda era la mejor manera de dar a conocer esa poesía a través de las canciones, además de dar la oportunidad de trabajar al mismo tiempo en otras áreas que también me interesaban -el sonido, por supuesto, pero también la actuación y otros muchos aspectos visuales como la ropa, el diseño de carteles, etc- y que así pudiese prestarle atención más gente. Sí que es cierto que mientras estuve tocando en bandas apenas publiqué nada, en parte porque estaba aplicando todos mis esfuerzos a los grupos y por otro lado porque tampoco quería ser etiquetado como un poeta, como lo había sido ya de rockero. Las letras de las canciones NO son poesía y odio el rock’n'roll con pretensiones de ser poético. No quería que nadie me llamara poeta cuando lo que hacía era rock.

Así que cuando dejé la música decidí ser escritor profesional. He trabajado muy duro como escritor desde hace ya unos años. Estoy comprometido con mi vida como escritor y lo llevo haciendo durante bastante tiempo. Creo que soy bastante competente en lo que hago y que mis trabajos continúan mejorando, que cada vez son más ambiciosos.

Por tus novelas se te ha comparado con Kerouac, Burroughs y demás exponentes de la generación beat, pero también uno puede encontrar esa prosa que corre natural y desbocada en Céline, por ejemplo. ¿Crees que los críticos, la mayoría de las ocasiones, juegan a la comparación más fácil?

Sí, creo que es así, y que habitualmente se ven cegados por presunciones cargadas de ignorancia. “Go Now” era una road novel, y dado que yo no soy un escritor académico y Jack Kerouac era antiacadémico y también escribió una famosa road novel, me comparan con él. Pero Nabokov también escribió una road novel como “Lolita”, y de hecho he aprendido más de Nabokov que de Kerouac. La presunción es que yo escribo de manera muy espontánea y esto es un completo error. Trabajo y reescribo de manera obsesiva, frase a frase, cada página que publico.

¿Recuerdas la experiencia de Cuz, aquella cabecera que fundaste? ¿Qué puedes contarnos de aquello, donde publicaron gente como Eileen Myles o el mismo Cooper?

Me impresiona y me agrada que reconozcas la importancia de Cooper y Myles. Son dos de los mejores escritores americanos. En 1988, cuando comenzaba a trabajar para realizar mi vida y conseguir una reputación como escritor, conseguí un trabajo como organizador de unas lecturas literarias semanales (principalmente de poesía) del Poetry Project, en la iglesia de St. Marks en Nueva York. The Poetry Project es una sala y una organización cultural que lleva funcionando en ese lugar desde mediados de los 60 y por el que han pasado muchos de los poetas que me inspiraron. Como Ted Berrigan, Rob Padget y sus predecesores Asherby, Ohara y Koch, entre otros muchos. En aquellos años el proyecto publicaba una revista con fotocopias grapadas que se llamaba The World. De hecho, a mí me inspiró el trabajo y la actitud de esos poetas para funcionar con el concepto de “hazlo tú mismo” de la música punk. Pero en 1988, cuando comencé a trabajar allí, no se publicaba ninguna revista literaria, así que hablé con la administración para que me dejasen comenzar con una nueva revista. Así apareció Cuz. La diseñé y mecanografié yo mismo con un ordenador bastante rústico, la imprimí con fotocopias y la encuaderné gracias a las donaciones para la revista. A pesar de que sólo se editaron tres números de Cuz y los seis panfletos de Cuz Editons a finales de los 90 y principios del 2000, son unos de esos momentos de los que más orgulloso estoy.

Nueva York está siempre muy presente en tu obra, sea real o metafóricamente. Incluso tangencialmente: no hace mucho, en el videojuego “True Crime: New York City”, junto a los habituales temas de rap, uno podía oír “Blank Generation” como adecuada banda sonora de la ciudad… ¿Hasta dónde te sigue inspirando la Gran Manzana?

Ayer mismo fui a ver una película de Bela Tarr de siete horas y media, “Satantango”, que se proyectó en el Museo de Arte Moderno. En el metro, de camino a casa, disfrutamos de preciosos mosaicos de sombreros de gente -y esto es verdad- colocados en los azulejos de los muros de la estación de la calle 28. ¿Donde más sería esto posible?

Guionizaste y actuaste en “Blank Generation”, te involucraste en experimentos como “Greek Mango Bingo” de Nick Zedd, “No Picnic” de Philip Hartman o en la desconocida y hermosa “Blind Light” de Pola Rapaport. Hasta apareciste en “Buscando a Susan desesperadamente”, aquella peli con Madonna. ¿Hay algo de celuloide nuevo en el horizonte? ¿Sólo te interesa el cine más experimental o estarías abierto a otras propuestas?

Realmente yo no escribí ese guión para “Blank Generation” de Ulli Lommel. Escribí uno o dos de mis diálogos. Esa película es tan estúpida que haría que me quitarán de los créditos si pudiera. Tampoco hice nada en “No Picnic”; como en el caso de la película de Lommel, fue una decisión del director incluirme en los créditos ya que la película no tiene mucho más de lo que alardear. La gente que hizo “No Picnic” rodaron en mi edificio y creo que debí aparecer en alguna escena. Ni una línea, por lo menos que yo pueda recordar. En “Buscando a Susan desesperadamente” es la misma historia. Ni un minuto en la pantalla y ni una sola línea. Y tengo casi dos minutos en “Blind Lights”. En la única película en la que hago algo sustancial es en “Smithereens” de Susan Seidelman. “Blank Generation” tiene muy buenas escenas de mi grupo (Richard Hell & the Voidoids) tocando en directo en el 78 en el CBGB. Así que las únicas películas con las que estoy relacionado y merece la pena ver son esta última pero gracias a las escenas musicales y la de Seidelman. Sin embargo, me encantan las películas y soy el crítico de cine de la revista BlackBook aquí en Nueva York, pero de momento no espero aparecer en ninguna película en particular. A pesar de todo siempre estoy jurando que voy a comprar una cámara digital para hacer mi propia película.

Actuarás en Sevilla con un proyecto especialmente pensado para la ocasión. El spoken word se asemeja en parte a la tradición oral, al viejo oficio del cuentacuentos. ¿Te ves ahora como un moderno trovador, después de haber sido un icono del punk?

Absolutamente no. Soy un escritor. No me interesan las actuaciones de spoken word excepto en cuanto que escribir es bueno por escribir. Hay una gran zona gris actualmente entre vociferadores, comedia, actuación y la pura escritura. Yo me quedo en la zona de escritores, gracias.

Una curiosidad tan mitómana como literaria. ¿Es cierto que tú aconsejaste a Tom su cambio de apellido, de Miller a Verlaine? ¿Hubo otras opciones?

No realmente. Fue idea mía el que cambiase su nombre por el de un poeta francés del siglo XIX. Mi primera idea fue Gautier, que es menos conocido y porque me gusta el sonido de ese nombre. Tom entonces pensó en Verlaine, y yo supe de inmediato que era mucho mejor, de hecho, perfecto. Por una cosa: los americanos serían capaces de pronunciarlo.

Una última pregunta. Estuvimos en el Azkena, viendo la actuación de Tom como Television y soltó una frase que no entendimos: “¿Dónde está Richard Hell?”. ¿Sabes qué quería decir?

Creo que él es consciente de que la gente nos asocia. También le gusta ser misterioso… Pero si él no quiso dejar claro lo que quería decir, era porque probablemente habría sido ¡para insultarme! Incluso cuando fuimos nuestros mejores amigos no confiábamos el uno en el otro. Ya se sabe que, algunas veces, los mejores amigos también se odian.

fuente: http://www.freekmagazine.com


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